Lavapiés, un barrio multicultural

Es muy difícil determinar el origen del nombre de este barrio con más de 500 años de historia. Algunas de las leyendas hablan que Lavapiés fue una antigua judería y en su plaza
central había una fuente donde los judíos realizaban el ritual de la ablución y se lavaban los pies antes de entrar al templo. De ahí que el barrio fuese bautizado con el nombre de “Lavapiés”.
Tras la expulsión de los judíos en España, la sinagoga fue destruida y en ese mismo lugar se edificó la Iglesia de San Lorenzo. Para no dejar huella del rastro judío del barrio, se cambiaron muchos nombres de algunas calles, como por ejemplo la Calle del Ave María o la Calle de la Fe, que parte de la Plaza de Lavapiés hasta la Iglesia de San Lorenzo.

Caminado entre sus calles podemos observar nombres como la calle del Tribulete, cuyo significado tiene origen en el juego que llevaba este nombre y que se hizo popular en el viejo Madrid. No existen unas referencias claras que especifiquen las normas del juego. Pero lo que si se puede deducir por la placa de cerámica de la calle, es que estaba formado por tres pares de piezas de madera o metal y se asemejaba a los bolos de hoy en día.
Entre esta calle y la del Sombrerete se encuentra una de las viviendas más características del Madrid más castizo, las corralas, popularizadas en los S.XVII, XVIII y XIX e inmortalizadas por el escritor Benito Pérez Galdós en su novela Fortunata y Jacinta.

Estos singulares edificios estaban construidos en torno a un patio central alargado. Las viviendas estaban ubicadas en los diferentes corredores abiertos que dan a dicho patio. Esta distribución permitía la comunicación entre los vecinos, ya que el patio era punto de encuentro para ellos.
Las corralas de Lavapiés son las más famosas de Madrid, hoy en día el patio de esta se abre a la Calle del Mesón de Paredes, dejando al descubierto el interior de esta peculiar vivienda. Construida en 1839 de la mano de José María de Mariátegui, fue declarada Monumento Nacional en 1977.

Algunas de sus calles ocultan una macabra historia, como es el caso de la Calle de la Cabeza, la leyenda cuenta que el sirviente de un sacerdote, acosado por las deudas optó por decapitar a su amo y huir a Portugal con todos los bienes del adinerado cura. Calle_de_la_Cabeza_(Madrid)_01
El crimen quedó en el olvido y la cabeza del sacerdote no apareció. Sin embargo, después de varios años, el criado volvió a Madrid, convertido en un respetable caballero. En su regreso a la capital, mientras paseaba por el Rastro, decidió comprar una cabeza de carnero para darse un buen festín.
Tras sus pasos, un alguacil vio un reguero de gotas de sangre que brotaban bajo la capa del caballero portugués y decidió detenerle para descubrir que guardaba bajo sus ropajes. “Llevo la cena, una cabeza de carnero que acabo de comprar en el rastro”, le dijo. Con total seguridad, abrió la capa y cuando fue a mostrar la cabeza de carnero el antiguo criado dio un respingo al ver que lo que tenía en su mano era la cabeza de su amo.
El criminal no tuvo más remedio que confesar su crimen y fue ejecutado públicamente en la Plaza Mayor. Tras el casual esclarecimiento del suceso, la calle comenzó a conocerse en Madrid como la de la Cabeza.

Otra de las calles más famosas de este barrio y con una historia menos sanguinaria, es la Calle del Calvario, que va desde la Calle de Jesús María, hasta la Calle Olivar. La calle recibe este nombre porque era allí donde terminaba el Calvario o Vía Crucis que partía desde el Convento de San Francisco, actual Basílica de San Francisco el Grande.
También se decía que el campo del Calvario estaba bendito y fueron muchos los que enterraban allí los cuerpos de sus difuntos así como a los reos condenados a muerte. Cuando se realizaron las obras de rehabilitación de las calles, aparecieron un gran número de esqueletos que fueron trasladados al desaparecido cementerio de San Sebastián en la Calle Méndez Pelayo.
Otras leyendas más urbanas dicen que la calle recibe este nombre por el terrible desnivel de su suelo, provocando un auténtico calvario para todos sus transeúntes.

Lavapiés es y ha sido muchas cosas: judería, barrio castizo de manolos y manolas, barrio multicultural y hoy en día una galería de arte al aire libre. Lavapiés esta lleno de arte por todos sus rincones, es más en la misma esquina de la Calle San Pedro Martir con la Calle de la Cabeza, podemos ver la vivienda donde habitó Pablo Picasso entre los años 1897 y 1898.
Pero una autentica muestra de ArtStreet típico de este barrio lo podemos ver en los muros que rodean la vieja tabacalera en la Calle Embajadores. Muros, nombre que recibe este proyecto iniciado por Madrid Street Art Project, cuyo fin es reconstruir las paredes del perímetro exterior del antiguo edificio de Tabacalera y convertirlas en una galería de arte urbano para el disfrute de todos los vecinos.

Esta claro que Lavapiés no deja indiferente a nadie, un barrio lleno de historia en cada una de sus calles y con mil secretos que contar.

 

Galería de imágenes.

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